part IX

Ni el pez pancreático que echa fuego verde por la boca ni la gaita inmensa que toca su muñeira con cada concierto digestivo superan al globo renal.
Cualquiera que da una vueltecilla por el circo a primera hora de la mañana, se da cuenta de la gran capacidad que tiene dicho aparato volador. El globo renal no vuela, por estar amarrado a una cuerda (el uréter) ya que con cada golpe de presión intenta escapar para sondar el mundo con sus ansias de viajar. A ambos lados, para mayor seguridad, los creadores del circo plantaron alubias mágicas, que crecieron en un pequeño boscaje a los alrededores. Dispone de una amplia variedad botánica donde las nefronas se llevan el papel más importante. En épocas primaverales, las nefronas desprenden un olor indescriptiblemente dulce que hace que al globo se le duerman todas las ganas de soñar y desertar. Ello le mantiene allí. Y por ello consigue irrigar cada día sus alas rotas con un líquido curioso: transparente y dorado.





